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Reflexión Pastoral

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El Señor nos ha provisto La Biblia, el libro en el cual encontramos su palabra, cada libro nos deja enseñanzas muy especiales, en esta oportunidad deseo compartir contigo  una de las invitaciones más hermosas que hayamos podido recibir.

 

Las personas en nuestros días carecen de afecto, de amor, de comprensión y muchas veces se accede a las drogas, al sexo ilícito al alcohol y a otras prácticas que además de ser abominación delante de nuestro Dios, terminan destruyendo la vida de las personas que las practican, produciendo en nuestra alma una sed profunda y muy difícil de saciar.

El evangelio según San Juan, capitulo 7 Vrs. 37-38 dice así: En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Se tenía por costumbre en la antigüedad derramar agua en el altar del templo para tipificar que durante el año no faltaría la gracia de Dios en las vidas de las personas que practicaban el ritual, Jesús se coloco en pie y dijo: el que realmente tenga sed y desee en su corazón sentir una paz plena y constante, deje de buscar simbolismos y crea en mi como dice la escritura. ¿Y como dice la escritura?. Creer en El significa vivir de acuerdo a como El quiere que vivamos, cumpliendo sus mandamientos los cuales no son difíciles: Amar a Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente y amando a tu prójimo como a ti mismo, si vives  de esta manera estas creyendo en El y serás junto con El coheredero del Padre, disfrutando de todas las bendiciones y promesas que han sido entregadas por nuestro Dios y señor; y no solo recibirás tu, sino que serás también una fuente de bendición para todo aquel que te rodee.

Si tu eres una de estas personas que anhela sentir y vivir la plenitud de Dios en su corazón, te animo y te invito a que recibas a Jesús en tu corazón y le pidas a Él, que a partir de este momento habite en tu vida y transforme todo tu ser para que así no solo seas transformado tu, sino también tu familia, tus amigos y todas las personas a las que amas. Créelo, si Dios lo hizo conmigo lo hará también con todos aquellos que crean a Él, porque Dios no hace acepción de personas.

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